Educación: presencial o no presencial

Éste es hace un tiempo un tema permanente de discusión.

El hecho nuevo hoy es que, a consecuencia de la pandemia del COVID-19, todos se han visto forzados a utilizar la educación no presencial.

¿Cuál ha sido el resultado? Existe una casi unanimidad: el resultado no ha sido bueno.

Es, sin embargo, necesario tener muy en cuenta que la decisión se tomó porque no había otra posibilidad. Discutir sobre si una decisión fue buena o mala no tiene sentido cuando no existió una verdadera decisión: se “decidió” por la única posibilidad.

Mucho peor sería tomar dicha experiencia suponiéndola generalizable y sostener que la decisión debe ser la misma aunque existan otras posibilidades.

Resumiendo: muchos piensan que el tema está definitivamente laudado a favor de la educación presencial. Algunos, una pequeña minoría, pensamos que existen mejores opciones.

Pero ¿existen otras opciones?, ¿cuáles son?, ¿hay alguna viable?

Para estudiar rigurosamente el tema es bueno agregar que la opción utilizada “no presencial” ha sido también “sincrónica” o sea que el profesar dicta la clase y los alumnos la toman en el mismo momento. La función del profesor y la de los alumnos son básicamente las tradicionales, habiendo entre ellos una plataforma electrónica que, simplemente, se ocupa de viabilizar la comunicación.

Si nos ponemos en el papel del alumno, recibirá lo mismo pero de una manera diferente: ve y oye al profesor a la distancia, por medio de una máquina.  Podríamos pensar que, en último término, es lo mismo: El profesor dice y muestra lo mismo, los alumnos reciben lo mismo.

Pero, con independencia de que esta última afirmación es cierta:

Si me pongo en el lugar del profesar debo concluir: ¡qué horrible, qué aburrido, qué sin sentido! es hablar a una máquina, en vez de mirar a los alumnos a los ojos y así saber si entienden, si disfrutan, si tienen dificultades.

Si nos ponemos en el papel de los alumnos pensaremos que ¡las clases son eternas, es muy aburrido ver y oír lo mismo, pero a través de una máquina! y donde la interacción con el profesor haciéndole preguntas, si bien es posible, es muy dificultosa.

Pienso que con lo anterior queda bien caracterizado un sistema de educación no presencial y sincrónico. Recordemos una vez más que era el único disponible en el momento.

 

¿Existen otras opciones?

Veamos una opción derivada de la anterior y que no parece muy diferente, pero lo es:

 

Educación no presencial asincrónica

Supongamos inicialmente que el profesar graba la clase previamente, los alumnos reciben la grabación y asisten a ella como en el caso anterior. En principio no parece haber ventajas. Al contrario, el diálogo con el profesor que era posible, aunque muy dificultoso, ahora no existe.

Por otra parte existen algunas ventajas importantes: el alumno puede “asistir” a la clase en el momento que más le convenga y si no entiende algo, puede volver a verlo, hasta entenderlo.

Un buen refinamiento de lo anterior es el siguiente:

 

Educación semi presencial asincrónica

Tomemos el caso anterior y agreguémosle clases de consulta.

De esta manera mejoramos un poco, pero no es suficiente.

¿Cómo se puede hacer mejor?, ¿hay antecedentes exitosos? Si, los hay: ¿cómo hacen algunas universidades de vanguardia y todas las empresas internacionales de alta tecnología?

Todos ellos utilizan la  “educación semi presencial asincrónica” pero la experiencia dice algunas cosas más:

Las clases tradicionales, dictadas aún por los mejores profesores, suelen tener algunas fallas y desprolijidades (paradigma del “teatro”: el sincronismo es total, si hay un error sólo se notara después de haberlo cometido).

Pero aquí no hay sincronismo (paradigma del “cine”: se graba la clase, luego se revisa y si hay algo equivocado o poco claro, se corrige).

Con esto mejoramos bastante pero son posibles y necesarios otros refinamientos: en una clase totalmente abstracta, como estamos considerando, el alumno mantiene un muy alto nivel de atención, pero durante un corto tiempo. Luego, debemos dividir la clase en módulos funcionales de unos 15 minutos de duración o, mejor, eliminar el concepto de “clase” y simplemente dividir cada tema en “módulos” de esas características.

Con esto llegamos a la “educación semi presencial, asincrónica y modular

Los resultados obtenidos por algunas universidades y todas las empresas de alta tecnología son magníficos.

Cuando es posible, como en los casos de la educación local, parece adecuado que las clases de consulta sean presenciales.

En el resto de los  casos mostrados: posgrados universitarios internacionales, cursos universitarios internacionales, otros cursos internacionales, cursos avanzados de tecnología en empresas de alta tecnología, etc.  las clases de consulta presenciales no son viables, lo que no impide los magníficos resultados que están obteniendo en todo el mundo.

Desde luego que no debemos olvidar  que, más allá del objetivo de impartir conocimiento, existe un objetivo de socialización, de contacto entre estudiantes y profesores, etc. que, por ejemplo en la educación, salvo la universitaria y los años 5º y 6º  de secundaria, parece difícil de satisfacer sólo con clases de consultas no presenciales.

Como se gesta todo esto

Un gran impulsor lo ha sido la Khan Academy, seguida luego por varias grandes universidades. Otros importantes  impulsores del esquema no presencial, asincrónico y modular, lo han sido las empresas de alta tecnología, que con esto mejoraron la utilización de sus recursos humanos de élite, siempre escasos y aprovecharon, entre otras cosas, importantes disminuciones de costos (dinero, tiempo de viajes etc.).

La pandemia aceleró todo

Muchos estaban bien preparados para  el nuevo esquema, pero muchos otros no. Casi todos entendieron que era imprescindible cambiar, aun reconociendo que los costos del cambio, urgente y no planeado previamente, eran grandes y provocaban muchas dudas. Al tiempo que la pandemia duraba mucho más de lo previsto, las dudas fueron sustituidas por certezas. Las soluciones se fueron refinando, fueron mejorando. En la mayor parte de los casos, cuando la pandemia se termine, los nuevos esquemas sustituirán en forma permanente a lo anteriores. 

Ciertamente hubo dificultades pero casi todos han podido seguir trabajando bien, aún en las actividades más sofisticadas, sin poder viajar. 

¿Cuáles son los costos?, ¿se puede implementar en la educación nacional? En cambios de este tipo siempre es deseable comenzar con proyectos piloto que muestren las bondades del esquema que se pretende implementar, lo que ayudará a que todos los involucrados lo entiendan y lo adopten como algo suyo y, fundamentalmente, que muestre sus errores y dificultades, de manera de resolver unos y otros, antes de lanzar el sistema en la realidad.

Una dificultad importante es convencer a los educadores para que acepten los necesarios cambios en su función, concluyendo que representa un gran paso adelante ante las nuevas realidades de la sociedad actual. 

 

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