El
sistema incorporado en la aplicación integra la API de Google y Apple (Exposure Notifications) y logra resolver de forma ingeniosa complejos aspectos de tecnología, seguridad y resguardo de la privacidad. Nos da una gran oportunidad, pero para aprovecharla, al igual que con las ilusiones ópticas, necesitamos lograr ver más allá de nuestra primera impresión.
Aquiles, el de los pies ligeros
En el momento actual de la lucha contra el COVID-19, nuestra velocidad de reacción es el factor clave. Para cada nuevo caso que se detecta, necesitamos identificar rápidamente a quienes hayan estado recientemente en contacto para verificar si también se han contagiado. Esto tiene un doble beneficio: por un lado permite asegurar pronta asistencia médica a los que tengan la enfermedad y por otro lado, al tomar medidas de aislamiento, minimizar la cantidad de nuevas transmisiones.
En un reciente reportaje para La Diaria, miembros del Grupo Uruguayo Interdisciplinario de Análisis de Datos de Covid-19 (GUIAD) destacaron la capacidad de seguimiento de contactos como la principal explicación para el buen desempeño del Uruguay en el combate de la enfermedad, pero también como el talón de Aquiles en lo que nos queda por delante.
Mientras se trate de un número relativamente bajo de casos, será posible realizar este rastreo de contactos en forma personalizada, consultando a los involucrados en cada caso y contactando en forma directa a cada una de las personas identificadas por ellos.
El éxito en el control del reciente brote en el departamento de Rivera es un claro ejemplo de esto. A partir de un primer caso autóctono el 7 de mayo, los números crecieron rápidamente: al 26 de mayo la cifra de casos activos llegó a 29, y para el 2 de junio se llegó al pico de 48, siendo en ese momento el departamento con más casos activos del país. La rápida identificación de nuevos infectados, su atención y aislamiento, fueron claves para el control de este brote, que permitió evitar que se extendiera a otras zonas del país y que para el 29 de junio Rivera lograra volver a cero casos activos.
Sin embargo, si se tratase de brotes con mayores números (el de Treinta y Tres llegó a un pico de 69 casos activos el 3 de julio), o de múltiples brotes simultáneos (como los que parecen estar apareciendo en estos días en Montevideo), será muy difícil conseguir los mismos resultados. Sobre este punto advertía en el reportaje antes mencionado Nicolás Wschebor, del Instituto de Física de la Facultad de Ingeniería y miembro del GUIAD. “Esa medida de seguimientos de casos, que es extremadamente importante y es una de las razones del éxito de Uruguay, tiene, por otro lado, un umbral de funcionamiento muy bajo: con un aumento de pocos casos, ya no se puede controlar la situación”, decía Wschebor.
Antonios, Beatrices y Césares
Es por esto que las Alertas de Exposición, recientemente incorporadas a la aplicación Coronavirus UY, pueden resultar un aliado fundamental: la identificación y alerta a otros posiblemente infectados se realiza en forma temprana, eficiente, y totalmente automática.
Lo que se obtiene con esto es similar al seguimiento de contactos que desde el comienzo realiza, en forma “manual”, el personal del Ministerio de Salud Pública, pero tiene la ventaja de poder abarcar muchos más casos, ya que no depende de que las personas se conozcan entre sí, ni de que recuerden que estuvieron juntas y puedan aportar datos para contactarlas. Al ser un proceso automático es también mucho más rápido, y no sufre problemas de saturación si aumenta el número de casos.
Por ejemplo, si Antonio recibe un resultado de test positivo, otras personas que recientemente hayan estado cerca de él por cierto tiempo podrán tener en su teléfono un aviso automático de posible exposición al virus. Quizá Antonio no conoce a Beatriz, pero si hace unos días estuvieron cerca mientras esperaban el ómnibus, ella podrá ahora recibir de su teléfono una alerta y entonces consultar a su médico, quien podrá indicar que se le realice un test para confirmar o descartar el contagio.
Si Beatriz se hubiera contagiado aquel día, el aviso automático de su teléfono le permitirá enterarse y recibir atención médica mucho antes, y por lo tanto de forma mucho más efectiva, que si tuviese que esperar a notar los primeros síntomas, que incluso podrían no aparecer nunca. Pero además, aunque quizá para ese momento ya haya contagiado a Carlos, estará aún a tiempo de tomar precauciones que evitarán que contagie a César, lo que a su vez impedirá que se contagien Daniela, Diana, y Dolores, quienes entonces no llegarán a contagiar a Eduardo, Enrique, Ernesto, Esteban, Etcétera.
Multiplicar esto por los miles y miles de Antonios, Beatrices y Césares nos puede dar una idea de la importancia de estas alertas automáticas. Aunque recibir una alerta algunos días antes pueda parecer poco relevante, el recibirla en cada caso y en cada posible etapa de la cadena de contagios, puede ser la clave para evitar caer en una explosión descontrolada.
En la calle, codo a codo
En todo el mundo, la principal herramienta de lucha contra la enfermedad ha sido el distanciamiento físico. Aunque esta y otras medidas han dado buenos resultados en muchos casos, al cancelar o flexibilizar las restricciones, varios países han tenido que dar marcha atrás debido a importantes rebrotes.
Las Alertas de Exposición pueden ser muy útiles para enfrentar precisamente ese riesgo. Aumentar el alcance y la velocidad de nuestra reacción puede ser una gran ayuda para encarar la reactivación progresiva de nuestra actividad, sin que eso signifique perder el control sobre la enfermedad que tanto sacrificio nos costó alcanzar.
Si tenemos esta gran herramienta al alcance de la mano, ¿qué nos impide aprovecharla? El primer desafío es el de la anticipación. Si Beatriz espera a tener los primeros síntomas de la enfermedad, para ese momento ya no le servirá activar las alertas; la chance que había tenido de tener un aviso temprano ya la perdió.
El siguiente desafío es de coordinación: para que Beatriz pueda recibir una alerta, no alcanza con que solo ella active el sistema. Es necesario que los posibles Antonios también lo hagan.
En términos generales, la efectividad del sistema depende de qué porcentaje de la población lo use. Aunque muchas veces, a partir de un artículo publicado por la Universidad de Oxford, se habló de que sería necesario un 60% de adopción, eso se trató de una mala interpretación de sus resultados.
Según Andrea Stewart, vocera del equipo de Oxford, hubo muchos casos de errores e inexactitud en la difusión del artículo “sugiriendo que la aplicación sólo funciona con un 60% – lo que no es el caso”, cuando de hecho brinda efectos protectores aún a niveles mucho más bajos.
Por otra parte, aún cuando no se logren altos porcentajes en la población total de un país, si se logran para determinados grupos o ecosistemas más pequeños, esto tendrá efectos positivos que aunque no sean generales, sí valdrán para ellos. Para cada persona, la probabilidad de recibir una alerta no depende en realidad del porcentaje de adopción en el total del país, sino de la que haya entre aquellas personas de las que puede llegar a estar cerca. Esta es la razón que ha llevado a que muchas empresas, centros educativos, u organizaciones sociales se hayan preocupado por promover el uso de la aplicación entre sus miembros, o como en el caso más reciente, que las autoridades de la Asociación Uruguaya de Fútbol evalúen incluso determinar su uso como obligatorio.
Lograr una suficiente adopción dentro de un cierto conjunto ya es suficiente para lograr resultados dentro de él, y enfocarnos inicialmente en cada uno de esos conjuntos puede ser el camino para llegar a tener adopción significativa también a nivel general.
En cualquier caso, es claro que si hacen falta dos para bailar un tango, para este pericón necesitamos ser más, mucho más que dos.
No me importa en qué forma, ni dónde ni cómo
Lo nuevo suele generarnos dudas y la incertidumbre puede paralizarnos. Aunque tenemos toda la información sobre el sistema, desde los detalles más técnicos de diseño o de su implementación, hasta excelentes explicaciones que permiten entender cómo y por qué funciona respetando la privacidad, para muchos sigue habiendo dudas, o desinformación, y ante eso, continúan sin utilizarlo.
Para hacer las cosas todavía más difíciles, el sistema funciona de formas que no coinciden con nuestra intuición. Para resolver los requerimientos de libertad y privacidad, se utilizan mecanismos ingeniosos que incluso siendo simples, precisamente por novedosos, nos pueden desorientar un poco.
Por ejemplo, cuando pensamos en rastreo de contactos, la primera solución que se nos suele ocurrir es registrar por dónde se mueve cada persona. Si sabemos en qué lugares estuvo cada uno y en cada momento, nos sería fácil luego encontrar quiénes estuvieron en el mismo lugar al mismo tiempo, ¿verdad?
Pero en realidad, resulta que no es necesario saber dónde estuvieron las personas, sino solamente si estuvieron cerca de alguien que pudiera ser transmisor del virus. El sistema no utiliza ninguna información geográfica. Ni consulta, ni informa ni registra por dónde estuvo cada uno; no lo necesita.
No me digas con quién andas
Una vez aclarado lo anterior, si pensamos en identificar si alguien estuvo cerca de otro, lo primero que nos viene a la mente es identificar y registrar cerca de quién estuvo cada uno. Con esa información, una vez que se sabe que el test de Antonio dio positivo, sería trivial saber que Beatriz pudo haberse contagiado…
Sin embargo, tampoco es necesario saber cerca de quién estuvo Beatriz, sino únicamente si estuvo cerca de alguien que tuviera el virus. Para resolver esto, en lugar de usar nombres o identificadores de personas, se utilizan números generados al azar que no se puedan asociar a las personas. Los teléfonos emiten estos códigos y registran los que reciben de los demás.
Si en algún momento se pudiera determinar que el celular de Beatriz había recibido un código que emitió el de alguien que luego se identificó positivo, alcanzará para determinar que Beatriz estuvo expuesta al virus, aunque no sepamos con quién anda ni le podamos decir quién es.
Ningún camino por Roma
Hemos ya despejado algunas dudas, pero hay todavía otros aspectos en que nuestra intuición puede llevarnos por mal camino.
Tratándose de teléfonos tendemos a pensar en mensajes a través de un intermediario, como cuando enviamos un SMS o un mensaje de WhatsApp, pero el intercambio de códigos se realiza en realidad a través de Bluetooth. Esto significa que la comunicación es directa entre dispositivos cercanos y no pasa por operadores telefónicos, ni por los servidores de la aplicación, ni tampoco por Apple o Google.
También nos puede suceder que al pensar en un sistema de notificaciones, imaginemos que alguien las envía. Por ejemplo, un sistema que tuviera un registro de los códigos que emitió y recibió cada teléfono, podría luego identificar que Beatriz pudo haber estado expuesta y a partir de eso enviarle una notificación.
De hecho, así funcionan los sistemas de rastreo de contactos centralizados, como los implementados por algunos países (por ejemplo Francia e, inicialmente, el Reino Unido), que aunque también están basados en el uso de Bluetooth, centralizan la detección de contactos y el envío de notificaciones.
En cambio, en el sistema de Alertas de Exposición implementado por Apple y Google, que es el que utiliza la aplicación Coronavirus UY, no solo el almacenamiento de la información es descentralizado sino también la detección de contactos.
La información de los códigos enviados y recibidos se guarda únicamente en cada teléfono. Cuando una persona es diagnosticada como portadora del virus, se le pedirá permiso para compartir los que su celular había emitido, y los teléfonos participantes, como el de Beatriz, recibirán periódicamente lo compartido por todos los que como Antonio hayan tenido un test positivo y aceptado colaborar.
Al recibir esos códigos, es el teléfono de Beatriz el único que puede determinar que hay una coincidencia y esto sólo se lo informa a ella. No es que a Beatriz le llegue un mensaje de alguien, sino que es su celular el que emite la alerta; es más parecido a la alarma del despertador que a un mensaje por SMS.
Vacuna social
Nuestro sistema inmune es el resultado de la interacción de múltiples componentes (tales como los linfocitos y los anticuerpos), como resultado de la cual el organismo es capaz de detectar la presencia de agentes malignos y disparar una respuesta. Las vacunas estimulan este sistema y lo preparan para que sea capaz de reconocer y combatir eficazmente los agentes causantes de enfermedades específicas, tales como la viruela o el sarampión.
En varias partes del mundo se está trabajando intensamente en desarrollar una vacuna que permita combatir el COVID-19, y aunque existen ya resultados alentadores, en particular recientes anuncios desde el Instituto Jenner de la Universidad de Oxford, disponer de una vacuna debidamente probada y con disponibilidad general podría llevar al menos varios meses o quizá incluso años.
Mientras tanto, lo que no podemos hacer es sentarnos a esperar. Las Alertas de Exposición son el equivalente social a una vacuna, ya que permiten que en conjunto estemos mejor preparados para detectar la presencia del virus en múltiples puntos, y ofrecer una respuesta coordinada capaz de combatirlo eficazmente. Esta vacuna sí está disponible, y para aplicarla alcanzan unos clicks. Ojalá no perdamos la oportunidad.
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